viernes, 23 de enero de 2015

Inocencia truncada

Recuerdo que seguía siendo un niño. Ya habían pasado unos años desde mi primer "codeo" con el amor, pero aún así no debía de superar el lustro y medio. A pesar del paso del tiempo tras la primera historia que te conté, seguí igual de inocente que años atrás: juegos, papi-mami, los amigos y ya. Esas eran mis preocupaciones. Si me hubieran dicho que mi segunda experiencia iba a ser tan pronto, tan dura; no los hubiera creído.

Creo que es una historia que he contado pocas veces, incluso entre mis amigos, pues es una historia que duele contar. Es una cuyos personajes no deberían leer, pues seguramente no sepan lo que aquello supuso para el niño que era. Como quien ríe de alguien en el colegio y después, años más tarde, escucha que sus bromas no eran bromas y arruinaron una vida. Sí, es esa clase de historia. Pero te voy a decir algo: los niños deberían saber más historias de éstas. Que dejen de pensar que todo es felicidad a su alrededor si ellos tienen su cuento. Deberían aprender no a ser felices, si no a ser felices con el resto.


Creo que era verano. Sólo entonces el pueblo se llena de niños pues mi aldea es una aldea clásica, de esas que población población, más bien poca hasta que llegan las fiestas. Aún así, algunos fines de semana también íbamos, ya que a mi abuela le encanta, y donde manda patrón, no manda marinero. A mi no me apasionaba demasiado, había pocos niños y a los siete años socializar era muy duro para niños tímidos como yo. La parte buena es que Fran ya venía de serie.

Fran era un amigo de mi aldea que tenía unos años más que yo. Lo idolatraba con los ojos que veían la promesa de una vida que no se me permitía por ser demasiado pequeño. "Ya tendrás tiempo" me decían, y mientras, Fran con todo el tiempo que quería. Además me trataba súper bien aunque yo no entendiera sus preocupaciones, sus programas de televisión o su afán e interés por las chicas. Él, simplemente, hacía lo posible para entretenerme. Horas y horas planificaba tardes conmigo para traerme aventuras de en sueño, juegos por el bosque y lo que hiciera falta por hacerme reír. Quizás por eso me dolió tanto lo que me hizo después.


Una vez leí una frase que decía: "leer libros es la manera de perder la inocencia sin perder la virginidad", y es cierto que a menudo me arrepiento de no haber leído más libros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario