sábado, 6 de abril de 2013

Prólogo

Vuelvo a estar sólo, aunque quizás nunca he dejado de estarlo. Al fin y al cabo, las cosas no son como creemos que son. Ni como vemos que son. Tan siquiera son como nos dicen que son. Las cosas son como son y punto, no van a cambiar por lo que alguien diga. Ni si acierta.

Han sido años, muchos años de relación que ahora veo con otros ojos, que aún me superan, que aún me cortan el aliento con sus última palabras:
- No es suficiente.
Yo no sabía a que se refería.
- ¿El qué?
Pregunté, desconocedor de la respuesta que atraía.
-Lo que me das. No es suficiente. Creo que Bla bla bla.- Ya sabes: Que si era ella, que si es lo mejor, que si podemos ser amigos...Y yo, con la mente en blanco y el único impulso de echar a reír ante lo que me sonaba a una mala broma. ¿Me  estaba dejando? ¿Me dejaba? PERO SERÁ ZORRA (Debí decírselo allí mismo, pero estas cosas siempre se te ocurren después.) Pensaba que era diferente. Pensaba que al menos me dejaría con un par de ovarios. Que coño, pensaba que me quería la muy puta. Eso sin hablar de su escusa. ¿Que no le doy lo suficiente? ¡Si le di todo joder! Y no soy de tacos y ya llevo unos cuantos por culpa de esta furcia. Pero es que se lo di todo joder. La quise con todo mi corazón, como me enseñaron. ¿Acaso el amor no fue suficiente?

Y con esta idea empezó todo. En cuento esta pregunta llegó en mi cabeza, supe que no volvería a sacarla de ahí. Y entendí, que  tal vez la culpa no fuera de ella (que seguía hablando, como buscando que le diera las gracias) por ser una puta. Que quizás la culpa no era mía por ser quien soy. Quizás, esta vez, la culpa la tenía el amor. Sí, el amor. Porque tal vez, y solo tal vez, el amor no sea suficiente.