domingo, 7 de diciembre de 2014

Amor

Apenas tengo recuerdos de aquel entonces, ¿Cuatro años? Quizás cinco. Párvulos.

Recuerdo el acabar de una clase. Tener tiempo para jugar. Las sillas y mesas chiquitas. Ella...

Na, es mentira. Sé quien era pero nada más. No tengo la más mínima idea de lo que se me pasó por la cabeza antes de usarla por primera vez en mi vida (Así me fue).

Me acuerdo, que en medio del caos de algarabía y juegos infantiles, uno de los niños dejó de jugar, se apartó, y se paró el mundo cuando la vi.
Días después, me acerqué a ella.
Decidido pero sin presión, llamé a la puerta de su hombro, y cuando giró, junté mis labios a los suyos y mis ojos se cerraron por un momento.
Un momento. Sin connotaciones bonitas, sin palabras de amor. Era demasiado pequeño para tenerlas entoncrs y saber usarlas ahora. Aún así, a veces, aún creo poder recordar levemente el tacto de sus labios distraídos.

Cuando me separé de ella, nos miramos.

-Me caí.-Le dije. Y aunque ella quedó algo extrañada, volvió a lo suyo sin darme más importancia que a un niño que se cruzó al ir tras su pelota. Después todo vuelve a ser negro. 

Y eso es lo primero que recuerdo del amor
: Sin saber nada de ella, sin saber nada de mi. ¿Como sé que era amor? Porque  aún lo recuerdo. Porque me cargué de valor para levantarme y andar.
Porque tenía que ser ella, y solo ella me valía. Porque no sabía lo que era un beso y sé que no cerré los ojos, pero se  cerraron ellos. Mires como lo mires, es amor del bueno.